Francisco Alcaide Hernández

Thursday, April 06, 2006

Ponga un Da Vinci en su empresa

Publicado en Expansión & Empleo y El Mundo, 14 y 15 enero 2006

La biografía de Leonardo Da Vinci (1452-1519) describe a este genio renacentista como pintor, escultor, arquitecto, ingeniero y científico. Interesado por todas las ramas del saber y por todos los aspectos de la vida, su ansia de conocimiento le llevó a investigar también materias como anatomía humana, zoología, geología, astronomía, física, música o literatura.

En un mundo como el actual, cada vez más globalizado, donde existen un mayor número de matices culturales, históricos, sociales, económicos, demográficos o políticos que conforman la realidad que nos rodea, se hace imprescindible saber mucho de algo y un poco de todo lo demás. Las empresas están necesitadas de gente polifacética que aporten una visión integral, global e internacional del negocio.

Heráclito afirmaba que “el que sólo sabe de medicina, ni de medicina sabe”. Stuart Mill, propugnaba que “una persona no puede ser un buen economista si no es más que eso”; algo en lo que también coincidía Keynes cuando manifestaba que “todo economista debería ser en cierta medida matemático, historiador, hombre de estado y filósofo”.

Comprender una realidad supone entenderla en su globalidad, lo que implica acercarse a ella desde múltiples lados. En la medida que captemos esa realidad con más matices, estaremos más cerca de su esencia y, en consecuencia, en mejores condiciones de construir un juicio menos pasional y más objetivo y cierto. De otro modo, la simplicidad nos conduce a la mediocridad, que no es más que transitar por encima de las cuestiones sin profundizar.

La misma realidad admite ser contemplada desde muchos puntos de vista. En ocasiones –la mayoría– pretendemos imponer nuestras ideas –y criticar las de los demás– sin darnos cuenta que simplemente estamos percibiendo lo mismo desde otro ángulo y eso hace que parezca diferente. Por eso, Francis Bacon afirmaba que “interesarse en todas las doctrinas es el más bello ejemplo de tolerancia”. Cada uno contempla “su” realidad desde una microatalaya que dista mucho de ser la verdad sobre las cosas.

El objeto material de una ciencia, se centra en el tema que pretende estudiar; el objeto formal, en la óptica desde la que lo aborda. Por ejemplo, la sociología, la psicología o la antropología, tienen en el centro de sus investigaciones al hombre, si bien cada una lo estudia desde puntos de vista diferentes. Captar en su globalidad el carácter poliédrico del hombre significa conocer más y mejor al ser humano, lo que ayuda a hacer un diagnóstico certero del mismo y, consecuentemente, a ofrecer soluciones válidas.

Es interesante, si uno esta pegado al mundo de las letras, intentar descubrir la grandeza de las ciencias o el arte, y viceversa. Parece que atreverse a descubrir nuevas facetas, nuevas formas de contemplar la vida, nuevas materias, nuevas metodologías es visto por ciertos conformistas –atenazados por el miedo al cambio– como un atentado a ese mal llamado especialización. Aprendiz de todo, maestro de nada, dicen algunos; Quien mucho abarca, poco aprieta, dicen otros. Falso.

Muchos grandes empresarios, se han hecho grandes, por tener la agudeza de aplicar formas de hacer las cosas de otros ámbitos al suyo propio. Se han limitado a importar metodologías de otras disciplinas a la propia, haciendo de este modo, algo diferente. Tuvieron la valentía de, con la curiosidad de un niño, apartarse de lo cotidiano para acercarse a nuevos mundos y ver que encontraban. Resultado: nuevas vías de hacer y comprender las cosas.

El caso es que cuando uno ahonda en otras disciplinas con las que nunca contó –en algún caso hasta despreció– queda fascinado por los muchos e interesantes matices que complementan aquellos otros que uno previamente ya conocía. La razón es sencilla: cada realidad “individual” forma parte de una realidad “global”.

Un ámbito que cada vez adquiere un carácter más multidisciplinar es el de los mercados financieros. Tradicionalmente gobernados por economistas, en los últimos tiempos, los matemáticos se incorporan masivamente tratando de modelizar el comportamiento de los inversores. La psicología también tiene cada vez más peso en este campo. El desarrollo del behavioral finance ha convertido en al ser humano en el centro de las investigaciones empíricas de esta rama del saber. El psicólogo israelita Daniel Kahneman recibía el Premio Nobel de Economía 2002, gracias a la integración de nociones de psicología en la economía. La informática ha encontrado asimismo un hueco en este terreno. El desarrollo tecnológico busca ofrecer herramientas que permitan ganar en eficacia y eficiencia en las operaciones de mercado, capaces de hacer miles de cálculos en centésimas de segundo para cubrir posiciones y riesgos de manera automática.

En definitiva, recibir el influjo de otras áreas de conocimiento, a poder ser, muchas y variadas, supone una ventaja competitiva de enorme valor para enfrentar con éxito la complejidad del escenario actual en el que nos movemos.

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