Francisco Alcaide Hernández

Friday, May 12, 2006

Más de lo mismo en el fútbol: ¿Hasta Cúándo?

Francisco Alcaide, Socio-Director de Football & Sport Consulting
Artículo para el Ayanet Business Forum, Zaragoza 4 mayo 2006

En las últimas semanas se ha reabierto el debate acerca de las elevadas cifras salariales que perciben los futbolistas. El motivo no es otro que la crisis deportiva por la que atraviesa el Real Madrid. Tres años de sequía en una entidad como el club merengue, cuyos gastos de personal de la primera plantilla superan los 100 millones de euros (16.000 millones de pesetas), unos 4,5 millones de euros por jugador, acaban mermando la moral de cualquier socio madridista.

Esto, sin embargo, no es algo nuevo. La retribución de estos profesionales es tema de debate habitual entre aficionados y no aficionados de este deporte cuando el desempeño en el terreno de juego no es el esperado.

En 2001, cuando se produjo el fichaje más caro en la historia del fútbol al desembolsar el Real Madrid 13.000 millones de pesetas por la compra de Zidane, en la prensa apareció un artículo titulado: “¿Vale un futbolista 13.000 millones?”.

Pudiera parecer una cifra astronómica, pero eso mismo ocurrió en 1982 cuando Maradona fichó por el Barcelona en una operación millonaria sin precedentes (7,3 millones de dólares, 1.200 millones de pesetas) que la prensa calificó con un titular: “Maradólar”.

En 1973, Cruyff fichó por el club culé, y la historia fue parecida. 120 millones de pesetas fue la cifra de su traspaso. El diario Informaciones recogía la noticia con este titular: “Una monstruosidad”; y añadía: “¿Hay algún futbolista por valioso que sea que valga este dinero?”.

Más ejemplos. Por Di Stéfano, en 1953, el Real Madrid pagó 5,5 millones pesetas, algo insólito en aquellos años; o en 1930, el fichaje de Zamora por los de Chamartín por 150.000 pesetas de la época, supuso una revolución.

Otro dato. En la época del Franquismo, los futbolistas eran catalogados como los “esclavos de oro”.

“El fútbol es como una rosaleda donde están las rosas más hermosas, pero nadie puede coger una sin pincharse”. Son palabras de Carlos Queiroz, ex entrenador del Real Madrid, en referencia al estatus privilegiado y exclusivo de los futbolistas.

Pero, ¿Qué inconveniente hay en que un futbolista perciba unas remuneraciones tan altas?

Ninguno si se lo merece. El problema de los futbolistas, decía Santiago Bernabéu, no es que sean caros, sino que sean buenos.

Hay otros muchos profesionales del mundo del cine, la música o el espectáculo que cobran cifras muy superiores. Julia Roberts, la actriz mejor pagada de Hollywood, ingresa 15 millones de euros por película; Nicole Kidman, 14 millones; y Drew Barrymore, 13 millones.

Madonna ganó el pasado año casi 50 millones de euros, ingresos similares a los de los cantantes Prince (45 millones) o Elton John (40 millones).

Entre los deportistas, los futbolistas tampoco son los mejor retribuidos. El golfista Tiger Woods ganó 79 millones de euros. Tras él, el piloto de Fórmula Uno, Michael Schumacher (55 millones), el boxeador Óscar de la Hoya (35 millones), el jugador de la NFL Michael Vick (34 millones) y el jugador de la NBA, Shaquille O´Neal (30 millones).

Algunos directivos españoles también cobran cantidades apetecibles. Francisco González y José Ignacio Gorigolzarri, la cúpula del BBVA, ganaron 11 y 8 millones respectivamente; y entre los comunicadores los emolumentos son igualmente singulares: Luis del Olmo (6 millones), María Teresa Campos (5 millones) y Ana Rosa Quintana (4 millones).

El problema no es el “cuánto”, sino el “cómo”. A los aficionados no les molesta que los futbolistas ganen mucho, sino que ganen lo mismo cuando juegan bien y ganan títulos, que cuando se instalan en la rutina y alcanzan un rendimiento inferior al esperado.

Ningún seguidor se queja de lo que cobra un futbolista si el balón entra en la portería. Todavía nadie ha protestado por lo que gana Eto´o, Ronaldinho, Deco, Messi o Valdés..., pero surgirán voces en contra si los resultados no acompañan.

El presentador Xavier Sardá, antes de abandonar Crónicas Marcianas, ganaba 7 millones de euros anuales, y ningún directivo de Telencico puso pegas por este motivo. El late night estuvo 8 años seguidos en parrilla como líder de audiencia con 1.285 programas en directo y 3.200 horas emitidas.

Alfredo Sáez tiene una nómina de más de 6 millones de euros y tampoco ningún accionista ha montado en cólera. Basta decir que el SCH ocupa el puesto 19 en el último ranking Forbes de las mejores empresas del mundo y el beneficio del grupo fue en 2005 de 6.220 millones de euros.

En finanzas, siempre que se analizan “rentabilidades” hay que comparar “riesgos”; en el fútbol, siempre que se hable de “retribución” hay que hablar de “desempeño”. Una rentabilidad será aceptable o no según el riesgo asumido; una retribución será justa o no según el desempeño alcanzado. Ninguna inversión, a priori, es cara o barata, sino en relación a lo que consigue. El problema del fútbol no es de “coste” sino de “rentabilidad”: altas fichas asociadas a contratos largos que se convierten en un lastre cuando el rendimiento del jugador no es el esperado.

Por eso, es necesario que los clubes de fútbol incorporen prácticas retributivas rigurosas con un alto componente de variable (35-40%, por debajo es escasamente motivador) que permitan valorar y retribuir a los profesionales, no sólo por su contribución “colectiva” sino también “individual”. De este modo, los cuentas –siempre deficitarias– no se resentirían, club y jugadores compartirán éxitos pero también fracasos, y los socios podrán dormir tranquilos sabiendo que si su equipo no gana, tampoco otros cobrarán más de lo debido.

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