Francisco Alcaide Hernández

Thursday, May 11, 2006

Zinedine Zidane y el adiós del directivo

Francisco Alcaide, Socio-Director de Football & Sport Consulting
Publicado en Cinco Días, 27 abril 2006

El pasado martes 25 de abril, Zinedine Zidane “Zizou”, anunciaba su retirada definitiva del fútbol. El jugador galo colgará las botas después del Mundial de Alemania tras quince años entregado al balón.

“El fútbol está de luto” o “El artista deja el pincel”, son sólo algunos de los titulares que nos ha dejado la prensa el día después.

Los que conocen a Zizou dicen que al hablar de él sólo surge una duda, saber si es mejor jugador o mejor persona.

El cinco blanco aglutina los tres requisitos del buen directivo: técnica (ciencia), estética (arte) y ética (honestidad).

Técnica, porque conoce muy bien su oficio y lo dignifica con su trabajo y esfuerzo. Michel Platini dijo de él: “Técnicamente es el rey de los fundamentos”.

Estética, porque su juego es “poesía en movimiento”; suma de elegancia y exquisitez. Cuando uno evoca la imagen de Monsieur Zidane, los epítetos se amontonan. The Times lo describió con estas palabras: “Da la impresión de poder montar en el metro en hora punta con un traje blanco y salir sin mancharse lo más mínimo”.

Ética, porque como afirmaba al enterarse de su retirada Aimé Jacquet, ex seleccionador francés que le tuvo en sus filas: “Hay mucha lucidez y honor por parte de Zidane en su decisión. Como es en el campo es en la vida, honesto y claro”.

En esta ocasión, con su adiós ha vuelto a dar nuevamente una lección de coherencia e inteligencia al renunciar a un año de contrato –12 millones de euros de nómina– que le restaba con el Real Madrid.

Saber retirarse a tiempo y no perpetuarse en el puesto es una de las muestras de mayor sabiduría directiva. No es ésta, sin embargo, una decisión fácil para la mayoría de los mandos que, acostumbrados a los privilegios y reconocimientos del cargo, se resisten con frecuencia a alejarse de la poltrona ocupada durante tiempo. En estos casos, el líder también debe demostrar su valor y grandeza.

El profesor Fernández Aguado, uno de los pensadores que más ha trabajado este tema, ha dicho: “Una de las realidades que el hombre intenta ocultarse con más frecuencia es la de la temporalidad de su paso por la tierra. Ir dando lugar a otros, prepararles para que sepan luego continuar con lo comenzado, debería ser un reto para cualquiera que haya recibido algún tipo de gobierno. Crear escuela es el mejor modo de inmortalizarse. No lo es, desde luego, el empeñarse a resistir en el puesto hasta el último momento. Aprender a ceder poder, dar oportunidades, enseñar a asumir responsabilidades, son retos no indiferentes, porque implican aceptar activamente lo transitorio de la personal existencia”.

El miembro del Top Ten Management Spain, Juan Carlos Cubeiro, en su obra El triunfo del humanismo también escribe sobre esta cuestión al relatar la cesión inteligente y anticipada del trono por parte de Carlos V a su hijo Felipe: “La última grandeza del líder es abandonar el poder antes de que el destino le obligue a ello. Ha de tener suficiente previsión, generosidad y humildad como para preparar a la siguiente generación y cederle el testigo cuando las circunstancias lo aconsejen”.

Un Mundial (1998), una Eurocopa (2000) y una Champions League (2002) son el legado de Zizou. No ha querido exprimir más la naranja para que no amargue el zumo, y su humildad –no es esta cualidad común entre las altas esferas– ha quedado otra vez patente.

El líder no es aquél que busca el aplauso y el glamour de los focos, sino la persona que tiene un fuerte compromiso con el proyecto, da todo por alcanzarlo y sabe que sus éxitos son siempre colectivos.

El líder verdadero, no el de postín, también tiene domesticado su ego y no se deja deslumbrar por los reconocimientos y los fuegos artificiales. Hasta la fecha el fichaje de Zidane por el Real Madrid en 2001 ha sido el más caro en la historia del fútbol (13.000 millones de pesetas), pero su normalidad y sencillez le han llevado a no confundir nunca al “personaje” con la “persona”.

Muchos directivos se resisten a poner punto y final a su carrera porque no soportan vivir “la otra vida”, la de los mortales, sin ovaciones ni elogios. Zidane, sabedor de su condición de mortal, admite la transitoriedad del éxito, dice adiós con naturalidad y discreción, se va sin causarle ningún trauma y sabrá ser feliz igualmente en su “otra vida”.

Las palabras de Jean-Pierre Escalettes, presidente de la Federación Francesa de Fútbol lo resumen: “Con 34 años, con sus cuatro hijos y su esposa, va a vivir su vida de hombre. No tengo dudas de que triunfará tras su carrera deportiva”. El propio Zizou concluía: “soy una persona normal que va a vivir normalmente”.

Directivos, tomen nota.

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